lunes, 11 de octubre de 2021

Sierra Velluda: Cerrando un ciclo ¡16 años después!

Indudablemente este relato me ha remecido. El año 2005 estuve en la Sierra Velluda por primera vez, siendo un novato Lee aquí ese relato. Los escasos metros que me separaron de la cumbre en aquella oportunidad - ascendiendo por la cara oeste - supusieron una promesa que hoy desempolve: intentar llevarme la guinda de la torta. Los años y mi vida como montañista me fueron preparando para un reencuentro que asumí con respeto y humildad, dejando a la montaña la última palabra.

Más allá del reto físico y técnico, el aspecto psicológico se convirtió en lo más preponderante. Volé desde mi querida Patagonia con destino a la región del Bío-Bío entusiasmado, esperando dar un buen “examen” que decidí enfrentar ascendiendo la cara este de la montaña, para posteriormente realizar una travesía descendiendo por el oeste. Mi compañero en esta oportunidad fue – desde luego – un gran amigo y cordada de múltiples batallas, Cesar “kikito” Ibáñez. (La fotografía del topo es referencial y pertenece a Fernando Saenger).

Luego de aterrizar en Temuco emprendimos el viaje hasta la base de la montaña. La nubosidad nos acompaño aquel primer día, dándonos una mano con el calor. Serían 6 horas de dura marcha hasta montarnos sobre el filo que conecta el volcán Antuco con la Sierra Velluda, lugar donde levantamos nuestro campamento a unos 2.200 mts. Nos alimentamos, hidratamos y disfrutamos de aquel mágico entorno y atardecer, esperando ansiosos la madrugada.

A las 03.00 am. comenzamos a movernos. El viento se había intensificado, dificultando las clásicas maniobras de organización y desayuno antes de partir. Analizando la situación decidimos desarmar la carpa para que el viento no se la llevara en nuestra ausencia, lo que retrasó en una hora nuestro ataque a cumbre. Recién a las 05.00 am. estuvimos en movimiento, progresando lo más “aplicado” posible en una carrera contra el inminente amanecer.

Nos tomó 3 horas y ½ alcanzar el pie de la vía. El sol ya estaba en lo alto y la nieve perdía consistencia. Nos equipamos e intentamos descansar un poco. La pesada jornada del día anterior estaba acusando recibo, y nuestras fuerzas distaban de estar su mejor momento. Pese a ello, nos dimos ánimo y comenzamos a enfrentar el tramo más duro del ascenso. Superamos la línea de seracs y escalamos alrededor de 100 mts., siempre desencordados, hasta montar la primera reunión.

Nuestra idea era ir lo más rápido que pudiésemos e idealmente usar lo menos posible la cuerda, sin embargo, el agotamiento hacia de este avance algo peligroso. En total escalamos 8 largos de cuerda protegiendo con estacas. La nieve estaba aceptable pero no óptima, perdiendo densidad en el tercio superior, consecuencia de un año seco. Pese a que ambos nos sentíamos bastante exhaustos, disfrutamos de la ininterrumpida escalada mientras el sol nos devoraba con fuerza desde lo alto.

Alcanzamos el filo cumbrero a medio camino entre el collao y la cumbre principal (la protección dudosa no nos permitió hacer una línea más directa). Acá monté una reunión sobre roca y dejamos todo el equipamiento, exceptuando nuestros piolets. Luego de avanzar penosamente durante unos minutos sobre el delicado y expuesto filo, nos paramos sobre la diminuta cumbre cuando el reloj marcaba las 15.00 hrs.

Alegría, jubilo y emoción. En aquel minuto sentí que estaba cerrando un virtuoso ciclo como montañista, una etapa que se había extendido por largos 16 años llenos de exitos, fracasos y mucho aprendizaje. Vinieron a mi cabeza numerosas experiencias del pasado, y fui capaz de aventurar el futuro con especial atención, asumiendo que viene en camino un pequeño retoño, hijo/a de un padre particularmente terco y obstinado.    

El descenso por la canaleta oeste era terreno conocido. Hicimos varios rapeles aprovechando los descuelgues previamente instalados, hasta acceder a la relativa seguridad del glaciar Abanico. Abrazados por una tenue nubosidad y las cálidas luces del atardecer arribamos a nuestro campamento, cerrando una dura pero gratificante jornada, llena de emociones y profundas reflexiones, miedos, amistad y sufrimiento del bueno.

Con las luces de un nuevo día comenzamos a preparar el descenso, era nuestra tercera jornada en la montaña. Tan solo 3 horas y ½ nos tomó alcanzar el vehículo, donde arribamos doloridos y magullados, pero con el recuerdo fresco de intensos días de montaña. Como alguna vez lo leí por ahí, “lo habíamos dado todo, sin pedir nada a cambio”. Gracias, gracias.       

martes, 21 de septiembre de 2021

Las montañas humeantes del Portezuelo Cofré 3.0

El buen clima había comenzado a escasear los últimos fines de semana y el llamado de la montaña rugía con hambre y ganas. La última salida en busca de WI (Water Ice) de la temporada había cumplido con las expectativas, dando paso a una nueva etapa que dice relación con los proyectos montañeros. Aunque la ventana no era del todo evidente, necesitaba una jornada intensa que me devolviera la fe, razón por la que me embarqué en un “full day” con destino: Portezuelo Cofré.  

Como suele ocurrir en estas latitudes, la información y documentación de las montañas del Cofré es casi inexistente, y digo casi ya que existen públicamente tan solo dos relatos de actividades realizadas en el sector, ¿el autor? yo…plop! Con mi experiencia y una buena lectura de imágenes satelitales, partí con rumbo a una montaña que si bien no aparentaba ser un gran desafío, me permitiría “sanear” un nuevo acceso y evaluar las alternativas del sector. Gino Andreani fue mi compañero.

A las 06.00 am. iniciamos el viaje, aun medios dormidos, pero con la ilusión de que el transcurso del día nos devolviera a la vida. A las 08:45 comenzamos a caminar por el lecho de un estero que rápidamente nos permitió dejar el bosque atrás y comenzar a ganar altura. En dos horas estábamos transitando sobre un hermoso manto blanco con rumbo a nuestro objetivo, cuya silueta se dejaba ver fantasmalmente entre las nubes.


Con algo de viento, frío cordillerano y escasa visibilidad, continuamos la marcha sin prisa pero sin pausa. Gino avanzaba con esquíes y yo con zapatos de montaña, dejando la vida en cada zancada sobre la nieve irregular. Pese a estos inconvenientes los estábamos disfrutando, absorbiendo toda la energía que emanaba de esta desconocida comarca montañosa. Entre nubes se dejo ver una torre que parecía ser la cumbre, ofreciendo una canaleta que rápidamente llamo nuestra atención.

Luego de reponernos durante unos minutos – con jugo, pampitas y salame - nos lanzamos por el tramo final. Superamos la canaleta, fuimos dejando atrás unas increíbles coliflores de hielo, algunos lomajes menores y tuvimos la anhelada cumbre a la vista. Espere a Gino que venia un poco más abajo, con la intención de hacerle un par de fotografías y acceder juntos al punto culmine del coloso.

Luego de 4 horas y ½ de marcha, cerca de 1.000 mts. de desnivel y un buen aporreo de piernas, nos dábamos el abrazo cumbrero sobre una desconocida torre de unos 1.650 mts. Las nubes iban y venían, dejando ver a ratos el hermoso panorama que ofrecen estas latitudes. Paisajes cordilleranos olvidados y misteriosos, reservorios de magia y aventuras. Disfrutamos del momento, impávidos...

El descenso fue rápido siguiendo nuestras huellas. En dos horas alcanzamos la camioneta y en un par de horas más la seguridad de nuestros hogares. Atrás quedaba un intenso día de montaña, descubrimiento y nuevos objetivos. "Una montaña no es únicamente un juego de cuatro estaciones, un juego de luz y oscuridad, un juego de nubes que a veces engullen la montaña y crean su propio carácter... sino también una personalidad con estados de humor cambiantes, a veces inestable, a veces acogedor. Creemos en nuestro deber, hemos aceptado su precio y le hemos dedicado todas nuestras fuerzas".


Otros relatos del sector Cofré:


lunes, 16 de agosto de 2021

Crónica de un 1er ascenso absoluto: “Barraco arisco”

De tanto insistir, me traje la “triple corona”. Pero, ¿de qué se trata todo esto? Hace dos años visité por primera vez una olvidada cordillera al norte de Mañihuales, cercana a la laguna Pedro Aguirre Cerda. Su buen acceso fue lo primero que llamó mi atención, seguido del enorme potencial que vi en esos pequeños gigantes. Tres cumbres maravillosas sobresalían en lo alto de una comarca montañosa con forma de herradura y unos escasos 3.5 kms. de extensión.

Primero fue “El camino del guerrero” a la cumbre oeste y principal con Javier Galilea (1.620 mts. aprox.). Simultáneamente Raimundo Olivos y José Neira abrieron "Pepito paga doble". Más tarde fue “Libre y salvaje pero tóxico” a la cumbre norte o central con Pablo Cid (1.590 mts. aprox.), y recientemente cayó la cumbre este (1.580 mts. aprox.) vía “Barraco arisco” con Germán Villagrán, cerrando así el primer ciclo de una cordillera que aún le queda mucho por descubrir y entregar.

Mi compañero se encontraba intrigado, me había escuchado hablar de estos proyectos de “baja altura” pero no sabia de que se trataba. Debido a la escasa nieve caída, accedimos sin problemas hasta al final del camino interior y levantamos nuestro campamento junto al vehículo cuando la noche ya nos envolvía. Disfrutamos de una rica cena sobre el pick-up y nos fuimos a meditar al sobre.

Despertador a las 05.00 hrs. e inicio de marcha a las 06.15 hrs. La primera hora transitamos por bosque hasta alcanzar el límite de la vegetación con una tímida luz que anunciaba el amanecer. Nuestro objetivo - la cumbre sur - ya estaba frente a nuestros ojos imponiendo respeto con sus verticales laderas. A las 08.15 estuvimos al pie de la vía que deseaba intentar, pero la escasa protección que se intuía en sus primeros metros nos llevó a optar por el desconocido espolón sur-sureste.

Si bien el reconocimiento de la vía original nos desgasto un poco, nuestro ánimo estaba a tope, como vaticinando la aventura que se comenzaba a gestar. Alcanzamos un pequeño collao y descendimos unos metros hasta empalmar con un canalón en el centro del espolón, el cual estaba salpicado de nieve, hielo y roca. Nos fuimos para arriba con toda la fe hasta montar la primera reunión de la mañana.

Una pala diagonal bastante expuesta nos llamó a ponernos serios. Tomé la punta y escalé los primeros 60 mts. utilizando algunos tornillos para progresar, incluida la reunión. German me alcanzó y continuó con la escalada hasta la base de una cascada de hielo donde decidimos reunirnos. Nos esperaban unos 15 mts. de WI con algún tramo a 80° y solo 4 tornillos cortos para resguardar nuestras vidas.

Sin muchas opciones tuve que abordar la escalada realizando algún descuelgue para recuperar tornillos, lo que sin ser muy estético ni purista resultó, y nos permitió superar este hermoso tramo. Una vez sobre la cascada, mi cordada prosiguió con la escalada que nos dejó en lo alto de una rampla donde cedía la pendiente, al menos por un rato. Acá descansamos y nos hidratamos durante un momento previo a lo que se nos venía.

Avanzamos desencordados hasta una rampla diagonal que se proyectaba hacia la derecha, serpenteando en las laderas de lo que intuíamos podría ser el torreón final que guardaba la cumbre. Nos abalanzamos sobre una fuerte pendiente en libre para ganar metros hasta que montamos la reunión. Germán escaló unos 30 mts. y nos volvimos a juntar, aferrados a una estaca que preferimos no poner a prueba. Estábamos expuestos en lo alto de la torre superior, transitando sobre una pendiente de 60° y mala protección. La misión, ¡salir de ahí!

Tomé la punta y lentamente fui ganando metros. Un #0.75 me permitió respirar tranquilo por un rato, luego fue una estaca dudosa y más tarde un #2 que reforcé con un #0.4 de “backup” para asegurar desde ahí, muy cerca de la salida. German me alcanzó y se lanzó por los aéreos últimos metros hasta situarse sobre la arista cumbrera, que un par de metros más arriba cedia en pendiente. Nos liberamos de la tensión de aquellos últimos instantes y reanudamos la marcha.  

Unos 15 minutos de suave caminata nos condujo al punto más alto. A las 14:45 hrs. nos dimos el abrazo cumbrero donde la cima sur se recortaba con el cielo, agotados pero felices, disfrutando del particular panorama invernal. La "triple corona" de este anónimo cordón andino estaba sobre la mesa. Dos años de exploración, cinco viajes, dos rebotes, tres cumbres y tres rutas le habían dado forma y fondo a este hermoso proyecto personal.

Luego de bautizar la vía con el nombre de “Barraco arisco”, iniciamos el descenso. Primero bajamos por una pala que se intuía como la ruta normal y luego desescalamos hasta muy cerca de la cascada de hielo. El abandono de algunas estacas nos permitió hacer una retirada segura hasta la base de la vía. Más tarde vino el pateo hasta el campamento y luego un par de horas de conducción - que incluyó 4x4 - hasta arribar a Coyhaique, cerrando así una potente jornada.     

PD: Algunas de estas imágenes son gentileza de Germán Villagrán, a quién agradezco enormemente su participación en esta aventura y las que vendrán.