jueves, 1 de junio de 2017

Actualidad: Exploración pre-invernal a laguna “La Plaza”

Tarde o temprano llegaría la hora de armar la mochila y partir rumbo a la montaña. Ganas, ansiedad, necesidad, la esclavitud del miedo, no lo sé, pero había sed de frio y soledad, de inmensidad y desafío. A ello se suma el hecho de poner a prueba una lesión muscular en las pantorrillas que me ha hecho la vida imposible durante los últimos meses. Pero en fin, no llorare lastima e iré al grano.


Esta vez con nuevos compañeros (Simio y Tobías), pusimos nuestra mirada en una laguna y sus montañas aledañas. Se emplaza al interior del lago Lapparent, camino a las Torres del Avellano. Un lugar lejano pero increíblemente bello y lleno de sorpresas, un rincón prístino y salvaje que nos demandó casi 4 horas de conducción desde Coyhaique antes de comenzar la marcha.   
  

Con nieve a ratos hasta la rodilla, caminamos por 10 largos kilómetros, sumergidos en la estrechez de un valle de altura que promediaba los 1000 mts. Mi inactividad había mermado mi ritmo, pero de igual manera “aperre” con mis compañeros. A eso de las 16:00hrs. y luego de 4 horas de arduo caminar, arribamos a la intrigante laguna, la que de acuerdo a datos de lugareños llamarían “La plaza”.

    

Sin un objetivo muy claro nos levantamos a las 06:00hrs. Un buen desayuno y salimos a explorar la zona que comenzaba a despertar. Claro, estaba frío, pero eso no importo mucho. Rodeamos la laguna y comenzamos a remontar una suave morrena mientras evaluábamos futuros ascensos a las montañas cercanas. Ascendimos hasta los 1500mts. sobre la nieve en muy malas condiciones, buscando tener una buena panorámica del sector, y lo logramos.


El siguiente paso fue descender hasta el glaciar que esconde el lugar. Una hermosa y amigable masa de hielo de cómodo acceso. Aprovechamos de usar los juguetes sobre el frio elemento, corroborando lo duro de su composición. Un hielo posiblemente muy viejo, azulado, casi sin oxígeno y extremadamente duro, además de quebradizo. Pero qué más da, estábamos en la intimidad más ignota de esta naturaleza salvaje, y lo apreciábamos como tal.    


Nuestro viaje exprés de dos días nos obligó a retornar al campamento relativamente temprano. Hidratamos, comimos e iniciamos la larga marcha hasta la camioneta, esta vez con la ventaja de la huella hecha. Demoramos 3 horas y ½, arribando a la seguridad del vehículo a oscuras. Más tarde vino el retorno a la “civilización”, dejando atrás un excelente primer contacto con el invierno patagónico, empapándonos de un lugar donde escasamente pegaba el sol. 

    

    
PD: La información disponible/pública de esta zona es casi inexistente. Los lugareños ayudan un poco, sumado a los datos que puede entregar alguno de los escasos deportistas que ha estado en el sector. Se sabe que NOLS visita la zona cada cierto tiempo, pero al parecer sus cursos de No Deje Rastro también consideran no dejar información.

domingo, 5 de marzo de 2017

Escalando en el patio de la casa: "Euforia" (315mts. 5.10c)

Si bien es cierto, la escalada deportiva no es una de mis actividades predilectas, es imposible estar ajeno a los encantos que emanan de la roca, sumado a las enormes posibilidades que ofrece la región para practicarla, destacando el esfuerzo y trabajo desinteresado de escaladores/equipadores que movilizados por la pasión, han convertido al taladro en su mejor compañero, encadenando numerosos proyectos y desafíos.


El cerro Mackay se ha transformado en uno de los centros neurálgicos de esta disciplina. Su roca bondadosa y celestiales paredes han llamado la atención de muchos, entre ellos la del español Pere Vilarasau, quien ha equipado atractivas rutas multilargo. Una de ellas es “Euforia” (315mts. 5.10c), la protagonista de este humilde y honesto relato de un día de escalada en el patio de la casa.


Con mi desempeño roquero algo más aceptable de lo normal, me dirigí junto a mi amigo Javier Galilea a “Euforia” (no es una bebida energética ni un night club), una ruta que debería estar a mi alcance. Dejamos el vehículo y en unos 40 minutos estuvimos a pie de vía, a la sombra de un gran árbol que da la bienvenida. Ordenamos el equipo, nos preparamos e iniciamos este hermoso camino al cielo.


Javier lideró el primer largo que nos pareció un 5.10b, con algunos pasos de adherencia al inicio. El segundo corrió por cuenta mía, un 5.10a que transita por una suerte de diedro y algo de placa, bastante cómodo. Por fin, el esperado sol nos comenzó a acariciar en el tercer largo, metros sin grandes dificultades, buenos hoyos y pies para regalar, un 5.9 de puro disfrute y 50mts. de longitud.


En el cuarto largo la cosa se pone un poco más seria. Se trata de un 5.10a que parte con una travesía ascendente,  terminando con un buen par de metros bien verticales, pero muy lindos (ver la primera imagen). La reunión es un tanto incómoda y te deja colgando sobre un aéreo y profundo patio, pero qué más da ¡a eso vinimos! y lo estábamos pasando increíble.


El quinto largo es una travesía con aires alpinos, donde Javier tomó la punta. Tiene algunos pasos bastante delicados y aéreos, sumado a que la cuerda no corre muy bien, pero son solo detalles. Por fin fue mi turno y pude llegar a la reunión, se había levantado un viento muy helado y necesitaba abrigarme y reponer fuerzas con algunas barras de cereal y chocolate. Descansamos un rato.   
  

Sabía que el sexto largo era el más duro y expuesto, por lo que le cedí mi turno a Javier, quién con más experiencia roquera, alcanzó la reunión sin contratiempos, moviéndose con soltura y determinación…un crack. Inicié mi turno con algo de nervios, no quería que el grado me dejara botado y felizmente no fue así. Me colgué en un par de ocasiones para descansar y leer los pasos a resolver, terminando el largo sin mayores inconvenientes. Lo graduamos como 5.10c.


Los últimos 40mts. fueron harto más cómodos, un 5.9 muy entretenido en el que fui de primero disfrutando a concho. Si bien hay “un par de cosillas sueltas”, los riesgos son fáciles de identificar. Feliz, aseguré a Javier para reunirnos en lo más alto de la ruta y celebrar. Una gran jornada de escalada que finalizó con 5 lindos rapeles…como dicen por ahí “un manjar”.


PD: Dos cosas. Lo primero, agradezco infinitamente a quienes trabajan por el desarrollo de la escalada en la región, incluyendo estas vías que son un lujo. Y segundo, el topo y la descripción expuesta en este relato son altamente subjetivos, ya que solo reúnen la impresión de la cordada. Espero les sirva.   

miércoles, 26 de octubre de 2016

C° Emperador Guillermo: ¡2da absoluta a la torre norte!

Había que cerrar el círculo. En diciembre de 2013 intenté por primera vez el cerro Emperador Guillermo, sin embargo, revotamos un par de metros antes del collao. Acá está el relato de esa aventura "Un hueso duro de roer": Cerro Emperador Guillermo. Desde luego, había que volver, el proyecto estaba abierto, y como ya lo sabemos, la montaña siempre nos da nuevas oportunidades. Esta es la historia del segundo ascenso absoluto a la torre norte.


Seba “incombustible” Jans, Pablo “Chuck Norris” Cid” y quien escribe, formábamos el grupo. Era mi quinto viaje a la cordillera Emperador Guillermo. Primero nos trasladamos hasta el campo que da acceso a un deteriorado camino para 4x4, y proseguimos con tan solo 2 horas de marcha que nos permitieron el arribo hasta la base de la montaña, a unos 1.100 mts. sobre una evidente olla de origen glacial.


A las 05:00 am. nos pusimos en movimiento. En la zona baja la nieve estaba pésima, pero mejoró a medida que fuimos ganando altura. Ascendimos en dirección a una suerte de “glaciar empotrado”, todo mientras la mañana comenzaba a desatarse cálida y radiante, permitiéndonos ser testigos de un escenario único, el preludio de una tremenda jornada de montaña.


Poco antes de alcanzar la base del glaciar nos desviamos a la izquierda, “freesoleando” algunos metros sobre excelente hielo, para continuar rumbo a un pequeño canalón que nos sacaría de la rampla principal. En este lugar iniciamos un traverse a la derecha y más tarde un corto rapel,  para alcanzar el expuesto y frágil collao donde se inicia el primer largo de escalada en roca.


El primer largo no fue regalado. Seba se motivó y escaló con gran efectividad hasta la reunión. Más tarde fuimos Pablo y yo, siempre con crampones. La ruta continuó rodeando por el oeste un enorme gendarme hasta la siguiente sección de escalada. Nuevamente un inspirado Seba nos pidió ir de primero, liderando una expuesta y aérea escalada, tramo donde me cayó una roca de tamaño significativo que me golpeo el brazo a la altura del tríceps y parte de las costillas. Gracias a dios no paso a mayores, salvo algunos moretones.      


Alrededor de las 13:00 hrs. estuvimos todos en la cumbre, en lo más alto del torreón norte del Emperador Guillermo. Nos convertimos en la segunda cordada en visitarlo, un lujo y un privilegio que nos llenó de satisfacción. Se trata de un aéreo mirador desde donde es posible distinguir con claridad las cumbres sur y oeste de la montaña, todas cimas que rondan los 2000 mts. de altura.


En el descenso hicimos 5 rapeles de 30 mts. c/u, 4 en roca y 1 en hielo desde un “avalakov” en la parte baja de la ruta. Alcanzamos el campamento a las 17:00 hrs., justo cuando comenzaba a llover. Más tarde retornamos hasta la camioneta y posteriormente a Coyhaique, cerrando así una intensa jornada llena de esfuerzo, compromiso, compañerismo, camaradería y claro, como lo he dicho en otras ocasiones, sufrimiento del bueno.  


PD: Poco antes del último rapel, a la altura del glaciar, Pablo “Chuck Norris” Cid” se salvó de una violenta liquidación de “línea blanca”, la cual pudo resolver con cinematográficos movimientos al más puro estilo de Matrix, ¡grande chuuuck!