sábado, 2 de noviembre de 2013

Cº Catedral "del Toqui": Un olvidado coloso limítrofe

Después de nuestra incursión en el valle del Miller queríamos hacer algo más tranquilo y relajado, pero que guardara las interrogantes respecto de su ruta y dificultades. Hace un tiempo venia averiguando acerca del cerro Catedral 2.050mts. "del Toqui" como le llamo yo, para no confundirlo con otros recintos sagrados. Como era de esperarse no obtuve información (mucho misticismo, purismo y demases en esta zona), algo que no detuvo nuestros planes.


El Catedral es una montaña limítrofe - lo que aumenta su simbolismo – emplazada al norte de la mina El Toqui, para allá partimos. Dejamos el vehículo en un campo que se ubica a sus pies, a unos cómodos 850mts. Más tarde vino lo típico, algo de pampa, bosque, ríos, neveros y finalmente su evidente filo sur, donde montamos nuestro campamento a unos 1.400mts.


Como estaba pronosticado tuvimos algo de lluvia y viento en la tarde y la madrugada, lo cual no nos desanimó. Partimos a las 06:00 a la cumbre con condiciones inestables y poca visibilidad, pero teníamos la esperanza de que mejorara. Por el este comenzaba a salir el sol, incendiando una línea diminuta en el horizonte.


La ruta fue bastante lógica por su filo, algo de acarreo suelto, neveros (max. 45º), pasadas de roca con escarcha y algunos filos aéreos y expuestos que aportaban con su cuota de adrenalina. Había que moverse con cuidado, pero de igual manera progresábamos rápido y animados, doblegando el frío y el viento que se esmeraba en maltratarnos. No aflojamos.


Estábamos a casi 2000mts. pero aun no distinguíamos la cumbre, hasta que un pequeño claro de sol nos mostró el espolón rocoso que guardaba celosamente la cima. Lo rodeamos por el este e iniciamos un gateo a través de roca muy fracturada y resbaladiza que nos condujo directo a lo más alto de este caprichoso coloso "internacional".


A las 09:00 am. y a solo 3 horas de haber abandonado la carpa, finalmente estuvimos en la cima, parados sobre una pequeña pirca elaborada por visitantes anteriores (posiblemente argentinos). Disfrutamos del momento y de la vista que nos ofrecían pequeños claros entre las nubes. Estuvimos ahí por casi 45 minutos, recargándonos de esa energía que solo habita en las cumbres.   

 

Como era de esperarse, durante el descenso el día comenzó a ofrecer su mejor cara, limpiando el cielo de nubes y alejando el mal tiempo. Fue cuando pudimos apreciar la cordillera y los lagos circundantes que alimentaban un paisaje único e inigualable. Más tarde alcanzamos el campamento, luego el vehículo y por la tarde Coyhaique, donde celebramos la actividad con un buen vaso de cerveza artesanal.

martes, 29 de octubre de 2013

Abriendo ruta en Patagonia: "La Via de los Seracs"

Revisamos varias opciones hasta que finalmente encontramos una que nos pareció la más interesante. Nieve, hielo, algo de roca y exploración en un sector que, si bien no está tan aislado, los visitantes son escasos. Google Earth y Panoramio fueron de gran ayuda para identificar el cerro que para estos efectos hemos denominado “Cerro Hama” de 2.400mts. ¿Su ubicación? Al fondo de un valle subsidiario del río Miller, al interior de Puerto Sánchez.


Luego de 5 horas de conducción desde Coyhaique y otras 4 de trekking alcanzamos la base de la montaña que nos comenzaba a quitar el sueño. Levantamos nuestro campamento (a los 1.400mts.), comimos, hidratamos y al sobre. A las 05:30 estábamos en movimiento rumbo a una hermosa línea de seracs que comenzamos a escalar más temprano que tarde. La cordada estaba compuesta por el “Loco Harry” y quien escribe.


Motivados, escalamos 6 largos de hasta 60º sobre hielo (cristal) y nieve dura, hasta una zona donde pasó la pendiente y la exposición. Habían sido metros hermosos sobre terreno virgen, progresando en una mañana fría pero absolutamente despejada. Descansamos unos minutos y disfrutamos del paisaje que era dominado por el lago General Carrera hacia el sur.   


Desde ese momento nos desplazamos en simultáneo sobre el glaciar hasta una banda rocosa que sería necesario escalar para alcanzar las ramplas superiores. En la base del terreno mixto armé una reunión desde donde Harry prosiguió la maniobra. Serian “serios” 40 mts. de escalada mixta (M4) sobre roca helada y una salida corta pero infinitamente expuesta y vertical. Sobre ella armó una reunión atómica.



Más tarde vinieron 3 largos de unos 50º, donde fue necesario proteger por el gelido viento reinante y la exposición que nunca nos soltó, ofreciéndonos caídas al infinito y más allá. Con la cumbre al alcance de la mano fuimos por el largo 11 de la jornada, el cual termino en un pequeño collao a escasos 30 metros lineales de la cima, en la base del filo cumbrero que lucía podrido y expuesto, de nieve y hielo improtegible , y cuya silueta un tanto absurda se desplomaba de manera suicida y hacia el oeste. Optamos por la vida.


“La cumbre no es más que una excusa para recorrer un bello camino” , pensaba, y el camino ya estaba hecho, había llegado la hora de bajar. Con 11 horas de actividad en el cuerpo iniciamos el descenso. Desescaladas, rapeles, un susto por ahí, un resbalón por allá, hasta que por fin arribamos al campamento muy entrada la noche, exhaustos, luego de 18 horas de actividad non-stop.



El día siguiente también amaneció radiante y nosotros algo más repuestos. Había llegado la hora de partir. Atrás quedaba una nueva y hermosa línea en mi querida Patagonia, más de 800 mts. de aventura que bautizábamos como “La vía de los seracs”. Quiero agradecer a mi cordada en esta oportunidad, a mi polola, familia y amigos por ser cómplices y actores fundamentales de esta particular pasión.       
  

martes, 17 de septiembre de 2013

Exploración: ¡Primera absoluta e invernal!

Hace un par de meses visualice esta montaña e inmediatamente supe que quería subirla. Su acceso se intuía no tan penoso y sus laderas abruptas que remataban en dos hermosos torreones cumbreros no hacían más que confirmar mi decisión de “darle un pegue” este mismo invierno. Sin ascensos ni rutas conocidas me documente con un par de fotografías y partí, esta vez junto a mi amigo valdiviano, Camilo.


Comenzamos la caminata a las 10 am. a través del bosque que inicialmente se comportó amable, más tarde nos maltrataría hasta el hastío, ofreciéndonos coligues, arbustos, espinas, rocas cubiertas de musgo, hielo y otras tantas exquisiteces. Luego de un par de horas alcanzamos los paredones de un evidente espolón central, donde primero buscamos por la derecha para terminar rebotando.


Con algo de olfato propuse ir por la izquierda, sector donde conectamos un angosto canalón de nieve dura que nos condujo hasta lo más alto del espolón. Después de 6 horas de pateo accedimos a un pequeño filo donde decidimos montar el vivac. Estábamos a 1.200 mts. con una fenomenal vista a las montañas del sector. Picacho y Punta Tehuelche dominaban la escena invitándonos a soñar con sus alturas. Nos fuimos al sobre.


No dormimos mucho. Partimos por la cumbre a las 05:00 am. superando expuestos pasajes de roca y nieve para más tarde continuar ascendiendo por una serie de ramplas de nieve dura (35° a 40°), justo por el centro de la montaña. A medida que ascendíamos la pendiente aumentaba y el amanecer comenzaba a pillarnos. Eran las 08:00 am. y mi reloj marcaba -7, justo cuando nos preparábamos para abordar el inicio de la escalada. 


Serían 230 mts. de escalada sobre nieve/hielo de hasta 60°, largos que superamos protegiendo con estacas. El agotamiento y el frio se hacían sentir con fuerza, pero la tentación de salir al filo cumbrero se hacía cada vez más grande. La Patagonia nos hacía palpar su omnipresencia en un terreno absolutamente desconocido e invernal, pero no había de que quejarse, pues nosotros habíamos decidido formar parte de este juego. 
     

A las 11:00 am. alcanzamos el gran filo cumbrero, que en realidad se trataba de una enorme masa glacial que cae hacia el sur y sureste. En este punto distinguíamos claramente las cumbres sur y norte, fuimos por esta última, aparentemente más alta. Evidenciando el cansancio comenzó nuestro desplazamiento por una nieve poco consistente rumbo a lo más alto.


Poco antes del medio dia, y luego de casi 7 horas de ascenso, nos posamos felices en la perfecta cumbre de este desconocido (1.830 aprox.), una montaña hermosa, desafiante y bella. Posiblemente se trataba del primer ascenso absoluto e invernal. Estuvimos un par de minutos sobre la cima contemplando y digiriendo nuestra merecida recompensa, lo habíamos conseguido.


El descenso no dejaba de ser preocupante, nos esperaban 1.500 metros de desnivel hasta el camino, pero había que hacerse el ánimo. Realizamos 7 rapeles de 33 mts., de los cuales desescalé 5 para no perder el material y darle mayor seguridad en la bajada a Camilo. 


Más tarde vinieron los neveros, el anhelado vivac y el descenso hasta el jeep, que finalmente alcanzamos a eso de las 21:00 pm., 16 horas después de haber iniciado el ataque a cumbre. Recordé las palabras de mi buen amigo Hernán Cálvis, “en Patagonia al  cerro  no hay que aflojarle”


PD: Si bien es cierto, este macizo no tiene nombre, mi propuesta es llamarlo “Cerro La Zaranda”, atendiendo al nombre que tiene el sector y una laguna que está en su base junto a la Carretera Austral.