martes, 25 de agosto de 2009

Opinión: Tipología de los “Andes Chilenos”

Ciertamente que cuando pensamos en los Andes chilenos no podemos remitirnos a una sola figura esbelta de roca, nieve y hielo. De norte a sur la fisonomía de esta cordillera es cambiante y diversa, situación que nos ofrece un panorama diferente y único en cada uno de sus escenarios. Aquí va mi apreciación personal…

Andes del Norte o Altiplánicos

Su mayor característica es la altura y el frío seco, por lo que generalmente se trata de ascensos de largo aliento donde se deben considerar los días adecuados para la aclimatación. La logística se acentúa en el transporte y el agua, este ultimo recurso vital para las pretensiones de la empresa.

La belleza de este tramo de la cordillera es innegable, sin embargo me quedo con la vida que emana en los bofedales de la Región de Arica y Parinacota, donde es posible apreciar una flora y fauna muy atractiva, cercada de volcanes nevados y muy glaseados en algunos casos.

Respecto del equipamiento la pluma es el mejor arma contra el frío seco sumado a un buen cortaviento, este último evita los estragos que puede causar a sensación térmica en una zona generalmente coludida con el viento. Por ultimo, paciencia y ánimo para sobrevivir a la soledad del desierto.

Andes de Chile Central

Se trata de una cordillera variada y hermosa que presenta colosos de diversas cotas. Posee zonas donde abundan los glaciares y su fisonomía es bastante alpina, dando pie para actividades de distintos niveles y en el medio que a uno mejor le acomode: hielo, roca, canaletas, neveros, etc.

En este tramo de la cordillera los Andes encuentran una meteorología equilibrada, tanto en sus temperaturas como respecto de las precipitaciones de chubascos y nieve. El agua en estas latitudes generalmente no es un problema.

Prácticamente desde cualquier cumbre de los Andes centrales el panorama es altamente hermoso, estimulante y atractivo, fuera de ofrecer innumerables desafíos que se encuentran muy cerca el uno del otro. Es un tramo de la cordillera que luciría absolutamente perfecto si uno contara con el tiempo y una buena cordada. Lo mejor de todo, por pocas lucas.

Andes del Sur

Acá los volcanes son amos y señores. Cubiertos de nieve gran parte del año estos colosos abundan en la zona sur promediando los 3 mil metros de altura. Generalmente permanecen glaseados en su cara sur, sin embargo sus líneas de ascenso no son muy variadas.

Destaca el bello panorama que ofrecen sus bosques en el acercamiento, los cuales por lo demás crean condiciones bastante húmedas en este tramo de la marcha. La meteorología en esta zona se caracteriza por la lluvia, sin embargo los días de cielos azules son un manjar para los ojos y el alma.

Buen cortaviento y rellenos sintéticos suelen ser lo más adecuados para la zona. En invierno y primavera no pueden faltar el piolet ni los crampones. Durante el verano los ascensos se ponen feos y pierden encanto, mejor ir a jugar al hielo.

Respecto de los Andes Patagónicos me reservo mi opinión, puesto que mi experiencia en ellos ha sido muy minima, pero desde luego que siempre esta la ilusión de ir tras sus secretos.

domingo, 2 de agosto de 2009

Actualidad: Con ganas de "Piuquencillar"

El sector de Lagunillas - específicamente el cerro Piuquencillo (4.047 mts.) - era un perfecto desconocido para mí, sin embargo, hace tiempo ya venia con la idea de poder visitarlo e intentar su cumbre por la canaleta central.

Luego de coordinarme con un amigo santiaguino me traslade a la cordillera central. Arribamos al centro de ski y luego de preparar las cosas nos dirigimos el primer objetivo de la ruta: Punta Sattler.

Marchando sobre raquetas accedimos a la cima de este mirador que nos dio una primera perspectiva de la ruta a seguir. Nos servimos la primera barrita del día y continuamos la marcha junto al eterno cerco de alambres que serpentea hasta la misma base del atractivo Piuquencillo.

El día no prometía mucho, cielos cubiertos, frío y viento acompañaban nuestro caminar sobre terreno irregular. Subidas y bajadas prolongadas animaban la tarde que transcurría muy rápido en el invierno de los andes centrales, que como siempre, ofrecía para mi un paisaje distinto y bello.

Llevábamos 5 horas de una pausada marcha y el mal tiempo amenazaba con aguar nuestro caminar, el viento se intensificaba y mi compañero evidenciaba síntomas de agotamiento, por lo que decidimos montar nuestro campamento a los pies del morro Tórtolas, al abrigo de un improvisado muro de nieve. Ya muy entrada la noche la montaña cambio de color.

El amanecer estuvo de lujo, frío y sin viento, ideal para disfrutar de un rico desayuno al abrigo de algo caliente y planificar el resto del día. La intención seria llegar al campamento base, comer, hidratarse y atacar la cumbre muy temprano durante la madrugada del día siguiente y bajar hasta Santiago, pero..Sorpresa!! el encargado de la bencina hizo un mal calculo y nos estábamos quedando cortos.

Pese al mal pronóstico reiniciamos la marcha con la intención de destinar la bencina solo para hacer agua. Al cabo de unas 2 horas estábamos en lo más alto del morro Tórtolas, que con poco mas de 3 mil metros se convierte en un esplendido mirador de la embrujante codillera.

A pesar de estar con el objetivo al frente y muy cercanos al campamento base tuvimos que tomar una decisión. La falta de entrenamiento y la poca regularidad de salidas que traía mi compañero le estaban pasando la cuenta y su ritmo era muy lento, esto sumado al déficit de bencina nos hicieron optar por darnos la vuelta apelando a la prudencia.

Luego de contemplar el maravilloso paisaje que hasta ese momento había sido desconocido para mí comenzamos el retorno. Una larga y tranquila caminata envuelta en la brisa y los paisajes cordilleranos nos iban regresando poco a poco a la urbanidad del mundo, como siempre con las pilas recargadas al máximo.

Le doy las gracias por esta salida a Claudio Bravo por su gran disposición, camaradería y sentido de amistad, sin lugar a dudas un gran montañero y excelente persona. Piuquencillo…volveremos!!

sábado, 11 de julio de 2009

Recuerdos: ¡Más vale tarde que nunca!

El rescate de las aventuras es una tarea permanente para este blog, ejercicio que por lo demás me permite revivir sentimientos y emociones de aquellos días de antaño, cuando todo era novedad y aprendizaje.

Hace un par de días me reencontré con parte de mis polvorientas fotografías de papel, las que me invitaron a recordar aquel lindo viaje a los volcanes de Chillan y sus conos Nuevo y Viejo.

Básicamente nos trasladamos hasta los volcanes en dos grupos, algunos en vehiculo y otros en locomoción pública, para finalmente encontrarnos al caer la tarde en el centro de ski de dichos macizos. Era junio del 2004, por lo que el frío y la nieve nos dieron una ruda bienvenida.

Caminamos un par de horas iluminados por nuestras luces de frontal, soportando el implacable frio, hasta detener nuestros pasos en una cómoda explanada que parecía ser el lugar indicado para acampar. Protegidos del viento y con nieve disponible para fundir nos fuimos al “sobre”, todos con la ilusión de alcanzar las cumbres al día siguiente.

Cielos claros y un frío intenso acompañaron el amanecer. Tomar desayuno, preparar el equipo y para arriba. Ahí estaban los 2 conos volcánicos luciendo sus primeras nevadas. Ascendimos directo, superando tramos de nieve cartón y a ratos tipo polvo sin gran esfuerzo.

Algunas fumarolas fueron guiando nuestro camino por la suave pendiente que en un par de horas nos dejo en el portezuelo que separa ambas cumbres. Nos detuvimos a hidratar, probamos algún bocadillo y dirigimos nuestra mirada a la primera cumbre de la mañana.

Superada una rampla de nieve accedimos al cráter del volcán Chillan Nuevo (3.186 mts.), estábamos en su cumbre, en la cual para sorpresa de nosotros, no estábamos solos. Un grupo de Los Ángeles que subió por otra ladera había arribado a aquel bello mirador minutos antes, por lo que compartimos con ellos la alegría de la cima.

Un par de fotos y comenzamos el descenso hasta el portezuelo. Frente a nosotros se erguía el segundo objetivo, el cráter del volcán Chillan Viejo (3.122 mts.), cuya ruta orientación norte serpenteaba por sus laderas desprovistas de nieve.

Si mal no lo recuerdo nos costo poco menos de una hora alcanzar lo mas alto de este nuevo mirador de los andes de la región del Bio-Bio, cuya vista nos permitió soñar con nuevos objetivos, tales como la Sierra Velluda, el Monte Domuyo y el mismo Nevado de Chillan. Una linda foto grupal le ponía la firma a esta tranquila y bella doble ascensión.


Descendimos con tiempo y sin problemas hasta el campamento. A medio camino una caprichosa grieta fue objeto de nuestras fotos mientras seguíamos perdiendo altura. Una vez en las carpas nos dispusimos a pasar una segunda noche en la montaña, retirándonos al tercer día, contentos y satisfechos de la experiencia vivida.

PD: La primera foto - de presentación - corresponde al archivo fotografico de andeshandbook, y su autor es Fernando Saenger.