miércoles, 24 de enero de 2018

¡Bienvenido 2018! Escalada tradicional en "El Águila"

“Contra la poesía de las nubes nosotros oponemos la poesía de la tierra firme, cabeza fría, corazón caliente”. Breves pero sabias palabras para rendir un homenaje a Nicanor Parra, el antipoeta que hoy vuela alto. Y si de volar alto se trata, los invito a disfrutar a través de este relato de “El Águila”, un entretenido y completo sector de escalada - cercano a Puerto Ibáñez - donde hemos estado apretando recientemente.


Junto a Pablito “Chuk-Norris” Cid (quien me aportó con algunas de estas fotografías) optamos por meter fierros en este sector que cuenta con numerosas vías de escalada tradicional y deportiva. Mono y multilargos se dejan ver en estas paredes donde los visitantes son escasos. Si bien hemos probado varias rutas, me enfocare en las tres últimas líneas, para entender un poco más de que se tratan. La primera de ellas “Entre flores y espinas”.


Unos 110 mts. divididos en 3 largos le dan vida a esta ruta cuya dificultad ronda el 5.9. Los primeros metros parten con una escalada deportiva de 7 chapas, para dar paso a un diedro tranquilo y protegible que culmina en una reunión compuesta por 2 chapas. El segundo largo es un poco más duro y vertical, pero protegible, ascendiendo de manera más directa para detenerse en una cómoda reunión aterrazada.


El tercer largo suelta un poco, sin embargo, hay que luchar contra la fuerza del viento que se incrementa a medida que la altura es mayor, ¡ojo con eso!. La reunión es cómoda para comenzar a preparar los rapeles, en los cuales se debe tener extremo cuidado con las cuerdas para evitar que se atasquen. Es una aventura recomendable. 


Otra de las líneas que probamos fue “Tierra sucia”, un rutón de unos 75 metros y 3 largos bastante sostenidos, con una dificultad aproximada de 5.9. El primero de ellos posee una fisura bastante lógica y continua que “triza” la pared a lo largo de 30 metros. Es característico un pequeño árbol en el primer tercio, buena roca, empotres y agarres para todos los gustos.


Los siguientes largos son más zigzagueantes, particularmente el tercero, cuya protección no es tan evidente. El paredón es muy atractivo, pero al tener orientación sur puede ser bastante fresco. La ruta termina en la cumbre, y demanda 3 rapeles si se escala con una sola cuerda. Es una alternativa muy recomendable. 


La tercera ruta se denomina “Sube y baja conmigo”. El primer largo de unos 35 metros es un cómodo 5.7. Parte  con 3 chapas y tiene muchas opciones de protección, ideal para hacer escuela. El segundo es cosa seria, posiblemente un 10.b que más allá de su dificultad técnica, tiene muchos agarres y bloques sueltos. Aún está muy sucia. El tercer largo no lo escalamos ya que nos pilló la hora.


Como conclusión, se trata de un excelente lugar para trepar. Llevar idealmente un rack doble y pedir permiso. No dejar basura, escalar mucho y disfrutar del paisaje. Tener presente que esta descripción es solo una apreciación personal de este autor. La soledad de estas paredes llena de energía y satisfacción. ¡Bienvenido 2018! 

martes, 5 de diciembre de 2017

¡Apertura de la cara sureste del Cordón Cristal!

En septiembre del 2016 alcanzamos la cumbre de este coloso por primera vez en la historia. Abrimos ruta por un lindo canalón de orientación noroeste entrando por el valle del río Miller Ver relato aquí. Sin embargo, al observar desde lo alto del filo cumbrero su glaciada y atractiva cara sureste, supe que volvería por más. Esta vez entraría por el lago General Carrera, caminando desde el mítico Puerto Cristal.


Con Javier Galilea, amigo y cordada con quien había dado la pelea en cerros como el Picacho y Punta Yamakawa, estábamos evaluando opciones para aprovechar una buena ventana. Que sí, que no, que se cae todo, que está muy seco, etc. “¡Wn! vamos a darle un pegue a la sureste del Cordón Cristal (2.400), el glaciar debería estar digno y la ruta que propongo se ve increíblemente atractiva”.


El miércoles 29 comenzó la aventura. Aquel día viajamos a Puerto Sánchez y el jueves nos embarcamos a Puerto Cristal, donde arribamos a las 10.30 am. Día hermoso y lago calmo, un lujo. El antiguo pueblo minero lucia místico y fantasmal, rebosante de una historia que se respiraba en el aire. Afinamos los últimos detalles y nos dispusimos a iniciar la marcha.


Sendero, bosque, río, acarreo y cada vez estábamos más cerca. El calor y los tábanos no mermaban nuestro ánimo, por lo que nos movíamos constantes y a buen ritmo. Un poco antes de alcanzar el final del valle por fin vimos el objetivo con claridad. “Esta linda, linda esta”, exclamó Javier, quién no se equivocaba. Atrás quedaban 5 horas de intensa marcha cuando alcanzamos el lugar del vivac a 1.250 mts.


Iniciamos el ataque a las 03.30 am. Noche calma, frío moderado y sin viento, perfecto. Los crampones mordían bien la nieve dura y progresamos sin prisa pero sin pausa hasta el pie de la vía. Nos equipamos con las primeras luces del amanecer e iniciamos la escalada. Javier comenzó con el primer largo que ofrecía hielo duro y unos 60º de pendiente. La concentración y el disfrute se apoderaron de nosotros.


Tomé la punta y escalé hasta una rimaya que ofrecía buenos puentes. Javier fue por el 3er largo, deteniéndose en la base del crux de la vía. Se trataba de la pared frontal de un glaciar que taponeaba la ruta. Analizamos el mejor itinerario para afrontarla, decidiendo ir por la izquierda, donde el hielo se percibía más uniforme y la caída de material era menor.


Encabece este 4to largo que estuvo duro pero disfrutón. Fueron 50 mts. de cuerda hasta que monté la reunión con los últimos 2 tornillos que me quedaban (llevábamos 8). Aseguré a Javier y un poco más tarde estábamos los 2 en la seguridad del anclaje, satisfechos, comentando el bonito largo que ofreció algún tramo a 80º sobre hielo cristal. Experimentábamos el gusto de sentirnos vivos.


El inicio de lo que venía no era trivial, hielo “frappé” a 70º los primeros metros y luego nieve dura hasta la reunión, lo más complejo había quedado atrás. A esas alturas la mañana se había desatado y el sol brillaba en lo alto. La vía se mantenía sostenida pero cómoda, permitiéndonos abrirnos paso sobre aquel desconocido escenario que tantas veces soñé con los ojos abiertos, y que ahora teníamos bajo nuestros pies.


Aseguramos hasta el séptimo largo, de ahí en adelante progresamos en simultáneo durante unos 100 mts., devorando una pendiente de 50º que significaba el término de las dificultades (de subida). A las 11:00 am. alcanzamos el mismo lugar donde había estado hace poco más de un año, aquel punto donde mi imaginación soñó una escalada que en ese mismo instante estaba concretando.  
  

Más tarde vino el último tramo que transcurrió sobre acarreo y algo de filo, siempre rodeados de un paisaje andino sin igual, de esos que nos inyectan una mezcla de emoción y ansiedad. A las 11:45 gritamos ¡cumbre!, buen trabajo, abrazos, fotos y para abajo. El descenso no fue simple, nos costó pillar una línea de rapeles a lo largo del filo, y cuando la encontramos se nos trabó la cuerda en dos de los 3 rapeles que hicimos. Estuvimos en el vivac a la 18.00 pm., deseosos por tomar unos mates y engullir pan con queso.


A modo de resumen. Hicimos el segundo ascenso absoluto de la montaña y abrimos una nueva ruta por su cara sureste (600mts./D/AI3/60º). La actividad nos tomó 5 días desde Coyhaique (con algo de suerte se podría acortar a 3 o 4) y fue necesario contratar el servicio de una embarcación. Queda mucho por abrir y hacer en aquel maravilloso lugar.  

sábado, 18 de noviembre de 2017

¡Fuimos por más! Nueva cumbre en el valle de Las Gemelas

Entre “pegues” de deportiva y algo de bicicleta, sentía que la hora de retornar a la montaña había llegado. Desde hace algún tiempo venia amasando la idea de hacer un ataque rápido, en el día, un “car to car” que significara un aporreo digno, y cuyo objetivo nos dejara plenos y satisfechos, al menos por un tiempo. Pero ¿qué montaña – atractiva y/o desconocida - me podría ofrecer un desafío con estas características?


Hace dos meses subimos el cerro Cuatro Puntas Relato del ascenso al Cuatro Puntas, constatando la presencia de una atractiva vecina. Se trataba de una montaña que superaba los 2000 mts., en cuya cara sur se intuía algún tramo de escalada y unas empinadas ramplas nevadas en su tercio superior. Esto, sumado a la nula información deportiva con la que contábamos fue escusa suficiente para poner nuestra motivación en modo ON, y darle con todo. 


Con Tobias Hellwig – mi cordada en esta ocasión y autor de algunas de las fotografías de este relato - pasamos la noche en las cercanías de Villa Cerro Castillo y partimos rumbo al cerro en plena madrugada. Eran las 04:45 am. cuando abandonamos el vehículo, nos aventuramos en el bosque y alcanzamos el canalón de acceso. Acompañados de un hermoso amanecer ganamos altura rápidamente, alcanzando los 1.700 mts. del plateau que separa ambas cumbres (Cuatro Puntas y esta desconocida) a las 09:15 am.


Hicimos una buena parada en el corazón de este hermoso escenario montañoso, evaluamos las condiciones de nuestro objetivo y continuamos rumbo a su base motivados. La nieve estaba en muy buen estado, el día era prometedor y el entorno hablaba por si solo, un lujo a escasas horas de la “civilización”. Nos detuvimos en una pequeña repisa para definir la ruta que intentaríamos y nos equipamos.


Resolvimos ir por un canalón de 40 mts. de mixto donde predominaba el hielo. Para variar nuestro rack era “Polaco Style”, solo 3 tornillos de hielo, 5 friends de la vieja escuela y un set de stoppers. Escalé los primeros metros protegiendo en roca, hasta que me tocó superar unos 5 mts. de hielo a 80º donde amé los tornillos. Un poco más arriba - cuando llevábamos unos 25 mts.- monté una reunión para recuperar el equipo. El segundo “micro largo” fue de 15 mts., en los cuales coloque un tornillo y un friend antes de armar la reunión con una estaca al inicio del nevero. ¡Habíamos salido!


El nevero que fue necesario abordar debía andar por los 45º, pero era bastante expuesto y sostenido. Aprovechamos las dos estacas con las que contábamos para hacer dos largos de 60 mts. c/u, lo que nos dio paso al aéreo filo cumbrero. Unos metros hacia el Este se levantaba la menuda cumbre, nos observaba desde su enigmática soledad, vaticinando las intenciones de aquellos dos intrusos que emergían desde lo más profundo del valle. 


Habían pasado 8 horas y ½ desde aquel primer paso con rumbo al cielo, con rumbo a la celosa  intimidad de una cumbre que ahora nos sonreía. Fuimos testigos del despertar del valle, de la radiante luminosidad que envuelve la montaña por la mañana y de la impagable vista sobre un territorio que conmueve por su belleza. Felices, nos dimos un breve descanso para más tarde comenzar el largo descenso.  Arribamos al vehículo con 12 horas de actividad en el cuerpo, cansados y doloridos, pero infinitamente satisfechos.


PD: La cartografía de este sector es difusa, tanto en lo referido a alturas como a nombres de estas montañas. En cuanto a la historia deportiva del cerro que protagoniza el relato, se desconocen ascensos anteriores al nuestro. Se agradece cualquier información.