domingo, 27 de septiembre de 2009

Cerro "Panguilemu": Un Bosque de Pumas

Aprovechando un buen pronostico del tiempo y entusiasmado con la idea de ir conociendo poco a poco los parajes cordilleranos que circundan Coyhaique, inicié una nueva ascensión, esta vez con destino al cerro Panguilemu, una tranquila montaña de 1.470 mts. que serviría entre otras cosas para estudiar nuevos proyectos.

Luego de acercarnos desde un sector conocido como El Claro, iniciamos la caminata a partir de una “tranquera” que interrumpía el camino. Superamos pequeñas quebradas y un tramo de árboles caídos, todo para finalmente ingresar al maravilloso bosque nevado guiados por la intuición.

A medida que ganábamos altura la frescura de la montaña patagónica se hacia sentir, el bosque comenzaba a abrirse poco a poco y el manto blanco que cubría lo alto de la montaña estaba cada vez mas cerca. La recompensa llegó cuando por fin alcanzamos el límite de la vegetación ofreciendo un bello panorama.

Nieve en buenas condiciones nos permitieron progresar rápido, todo sin necesidad de calzarnos los crampones. Ascendimos haciendo una suerte de traverse y nos ubicamos bajo la cumbre que era custodiada por un resbaloso acarreo. Solo un par de metros nos separaban del punto más alto de la montaña.

Habían sido tres horas de marcha y unos 900 metros de desnivel, el día estaba parcial y una brisa muy fría custodiaba la cumbre. A nuestro alrededor se habría un panorama idílico, lleno de objetivos que irremediablemente nos invitaban a soñar.

Luego del abrazo cumbrero “atacamos” la ración de marcha, nos hidratamos y disfrutamos de un rico té envueltos en el misticismo de la cumbre. Una botella con testimonios nos mantuvo entretenidos leyendo historias que sacaban mas de una sonrisa, algunas de las cuales habían sido escritas hace mas de 10 años.

Recorrimos la cumbre y disfrutamos del hermoso entorno cordillerano. Aprovechamos de evaluar y documentar con imágenes lo que esperamos sean proximos objetivos. Se trata de montañas hermosas, con atractivas líneas de ascenso pero de exigentes acercamientos y nula información más que los datos de altura y uno que otro nombre.


El Panguilemu comenzaba a ser parte de nuestra historia. Le dijimos adiós a las alturas y comenzamos con el descenso. Nuevamente en la calidez del bosque y mas tarde en el camino. A las 17:00 estábamos de regreso en Coyhaique.


Una vez más agradezco el interés y la iniciativa de quien fue mi compañero de montaña en esta ocasión, Daniel Zapata. Sin lugar a dudas en el poco tiempo que llevo en la Región de Aysén he tenido la posibilidad de conocer excelentes camaradas de montaña.

sábado, 19 de septiembre de 2009

Andinismo Patagónico: El Cerro Pico Negro

El destino me trajo a tierras coyhaiquinas, lugar que aparte de ofrecerme alternativas laborales, estaba seguro me daría la oportunidad de ir tras los secretos de los andes patagónicos.

Me contacte con montañistas locales y emprendimos el viaje a una hermosa montaña conocida como Pico Negro, coloso de líneas muy alpinas que apenas alcanza los 1.700 mts., pero que ofrece interesantes posibilidades en sus flancos sur y este.

El acercamiento transcurrió sobre el lecho de un río encajonado y resbaladizo que poco a poco se iba mostrando con más nieve a medida que ascendíamos, hasta perderse finalmente en las primeras laderas de la montaña sobre el límite de la vegetación.

Nieve en regulares condiciones y uno que otro paso de gateo en roca fueron quedando atrás, mientras ascendíamos directo por el flanco este de la montaña. El día era espectacular, sol, cielos azules y un macizo muy estético que nos daba la oportunidad de soñar con diversas líneas de ascenso.

Luego de un par de horas de marcha alcanzamos la base de la pirámide y fue momento de decidir por que ruta ascender. La falta de equipamiento y/o experiencia no nos daba a todos la oportunidad de seguir una línea directa, sumado a que el terreno no se encontraba en las mejores condiciones por lo avanzado de la hora. Mis dos compañeros decidieron tomar la ruta normal que asciende montándose desde hombro norte, todo mientras yo comenzaba la escalada directa por la cara este.

La subida no fue fácil. Nieve en muy malas condiciones montada sobre una pared de roca de entre 50 y 60 grados hacia difícil y desgastante el progreso, sin embargo me las arregle para poder moverme con algo de “seguridad” ayudado de una pareja de piolets técnicos, hasta alcanzar la salida en el único lugar que no ofrecía cornisa, las cuales por lo demás me amenazaron durante todo el ascenso.

Una vez en la seguridad de la arista cumbrera, luego de terminar lo que podria ser una nueva variante, me relaje y tomé un descanso mientras observaba el progreso de mis compañeros. ¡Por fin en las montañas de Patagonia! pensé, y di gracias a la vida por la oportunidad que me daba de disfrutar una vez más de este apasionante deporte. Al cabo de unos minutos continúe rumbo hacia la cumbre.

Roca podrida y resbalosa acompañaron los últimos metros, hasta detenerme finalmente en lo más alto del cerro Pico Negro, en su cumbre principal. Ahí estuve solo por un rato comiendo e hidratando a la espera de mis compañeros. No paso mucho tiempo hasta que estuvimos los tres disfrutando de la cima.

Totalmente cierto, la vista es igual o mejor que la de fósforos “Los Andes”, una cordillera totalmente nevada, de modesta altura pero de grandes desafíos, muy fría y ventosa. Cerro Castillo nos saludaba a la distancia…

Casualmente otra cordada subía la montaña por una de las canaletas del flanco sur-este, a quienes decidimos esperar en la cumbre mientras le hacíamos un par de fotos. Finalmente solo uno de ellos terminó la vía que hacían en “freesolo”, personaje conocido con quien también compartimos la estrecha cumbre.

Llegó la hora del descenso. Atrás quedaba una de las primeras sorpresas montañeras que me brinda esta tierra, un bello cerro que nos deja más tareas y rutas por descubrir. Aprovecho de agradecer a mis nuevos camaradas de montaña por esta excelente salida, sin lugar a dudas patagones de tomo y lomo.