martes, 14 de mayo de 2019

Piedra Parada y Cañadón de la Buitrera: ¡Paraíso rockero!

Lo cierto es que a Piedra Parada solo la miramos, pero el sector es más conocido por esta hermosa mole de roca que se levanta insolente en medio de la pampa, que por el bucólico cañadón de La Buitrera, cuya fisonomía profunda y rocosa da origen a un fascinante paraíso rockero donde abundan colores, texturas y rugosidades tan diversas como estilos de escalada.


De Coyhaique nos fuimos hasta Esquel y el segundo día muy temprano estábamos en el camping de los Moncada. Carpa armada, equipo listo y no perdimos ni un solo minuto para adentrárnos en el cañadón. El sol comenzaba a iluminar este paraíso cuando probamos las primeras rutas. Nada de viento, nada de preocupaciones, solo escalar y contemplar, vivir, conectarnos con nuestra energía y nuestros miedos.

 

La idea era visitar un buen números de sectores y así lo hicimos, probando rutas tranquilas y disfrutonas. Excelente calidad de roca al abrigo de un increíble spot. Muy poca gente en el cañadón, ya que era el cierre de la temporada. Lamentablemente la luz se iba a las 18:00 pero nuestra recompensa era la tranquilidad y el silencio sacado de otro planeta. Que grato haber llegado hasta ahí, un lujo. 


Nuestro segundo y último día de escalada me concentre en apretar un poco más. Visitamos Jardín del Edén, Ortigas y Cañadón Angosto, donde encadene un 6b a vista como máximo premio, lo que finalmente resulta un detalle para un viaje tan corto. Caminamos, volamos, comimos, contemplamos, conocimos gente y lo mejor de todo, nos quedaron muchas ganas de volver, lo que resume este breve pero intenso periplo.


Conclusiones y recomendaciones: Vayan todo el tiempo que puedan, visiten el máximo de sectores posibles, tengan ojo con los metros/chapas por ruta, hay varias que tienen buenos alejes. Que no falte el agua, la comida y las ganas de pasarlo bien. Y el próximo año, “Sexto Sentido” ¡voy por ti!. 

domingo, 12 de mayo de 2019

Actualidad: "No hay mal que por bien no venga"

Cuanto polvo y tela de arañas en este campamento cibernético. Pero bueno, la verdad es que luego del Ferruginoso no hubo más montaña, una tendinopatía en la rodilla derecha se opuso y no pude ganarle el gallito, aun cuando tuve sesiones de kine y ejercicios de recuperación. Seguramente no fui lo suficientemente aplicado, y eso hay que reconocerlo.


Sin embargo, y como lo he dicho en más de una oportunidad, no solo de montaña vive el hombre, también hay roca, esa que queda muy cerquita del auto y para la cual no hay que cargarse como mula. Una alternativa que tome gustoso, me ayudo a olvidar a ratos mi lesión y lo mejor, me permitió disfrutar y mejorar en este noble elemento.


Para no latearlos, resumiré los lugares que más visite este verano y los dejare con las imágenes. Por su cercanía fui muy pegote con Villa Jara, ya que me permitía escalar en la semana después del trabajo. También visite en un par de ocasiones Lago Frío, Maitenal, Chabela, El Águila y, por supuesto, nos dimos una vuelta al rockfest que se desarrolló en Puerto Ibáñez, linda iniciativa.


Buena temporada rockera, muy linda y satisfactoria. Incluso, a ratos sentía que progresaba. ¿El grado? Full dieces y algún 11.a por ahí encadenado. Y como no, todo proceso amerita de un buen final, es por eso que nos fuimos a conocer la mítica Piedra Parada los primeros días de mayo, pero esa historia se las contare en el siguiente relato que está por salir.


PD: Aprovecho de agradecer el aguante de mi cordada roquera de esta temporada, Eduardo Lorca, quién siempre "apañó", fue responsable, y lo mejor de todo, comenzó a dar sus primeros pasos en el mundo de la escalada.

sábado, 3 de noviembre de 2018

Cumbre en el Ferruginoso: Explorando territorio "Cobra"

El clima prácticamente no había dado tregua durante los fines de semana y más encima se sumaba una molestia constante en mi rodilla derecha. ¿La opción? Esperar buen clima y rogar por que la pierna aguantara cuando llegara el momento. Fue así como partí en compañía de Berni Manson y Duncan Mcdaniel al Cº Ferruginoso, una desconocida montaña al interior del valle del rio El Malito, la cual posee un atractivo glaciar en su cara sur, y lo más interesante, no registraba ascensos.


Se trataba de un sector cuya actividad deportiva era encarnada por el grupo conocido como “Los Cobra” de Coyhaique. Montañistas y escaladores que en muy buen estilo han cosechado éxitos abriéndose paso a través de la selva y terrenos poco explorados. Con este precedente nos internamos en lo más profundo del valle, la selva y los arroyos, para montar nuestro vivac en un “clarillo” a poco más de 900 mts., 6 horas después de haber dejado la comodidad del vehículo.


La alarma sonó a las 03:00. Desayunamos y partimos en medio de la noche con un clima que se auguraba estable. Danzamos unos minutos en el bosque y rápidamente alcanzamos el nevero que nos conduciría a terreno montañoso. Ascendíamos sin prisa pero sin pausa sobre una nieve increíble, óptima para progresar sin mucho desgaste y con seguridad, hasta darnos un buen primer descanso y evaluar la ruta cuando comenzaba a despuntar el sol.


En la zona media de la montaña ascendimos directo hasta una corta canaleta que nos dio paso al hermoso glaciar sur del Ferruginoso. Una masa de hielo prístina y salvaje que nos esperaba vestida de un reluciente color anaranjado. En este punto había un cambio de pendiente que alcanzaba los 50º grados sobre nieve dura y hielo, por lo que nos dimos un buen respiro, aseguramos los piolets y escalamos confiados, cada vez más cerca de la cumbre que aun no se dejaba ver.


Ganamos altura hasta un evidente y hermoso plateau, para luego progresar sobre una cómoda y sutíl pendiente de nieve dura. A poco andar el torreón cumbrero que corona el cerro Ferruginoso (1.750mts.) – altura máxima del cordón homónimo - estaba frente a nosotros, llamándonos a un desafío que no evadimos y que enfrentamos con decisión, todo mientras la mañana nos envolvía con amabilidad, mostrándonos un enjambre de secretos andinos olvidados.


Abordamos el torreón por el este. Los últimos metros nos demandaron el uso de algunos seguros sobre roca pésima, pero logramos pararnos tempranamente sobre la desconocida cumbre. En tan solo 4 horas habíamos coronado un coloso que nunca en su historia le había abierto la puerta a visitante alguno. Nos sentimos privilegiados y felices, celebramos. Gozamos de una increíble vista sobre montañas como el cerro Catedral, Punta Mochileros y Emperador Guillermo.     


Unas 3 horas nos tomó alcanzar el vivac. Comimos, hidratamos y nos dimos un buen descanso antes de enfrentarnos nuevamente con el bosque y los arroyos. En total unas 4 horas más a buen ritmo (modo jabalí) hasta la camioneta, donde arribamos cansados pero satisfechos. Le dijimos hasta pronto a una comarca montañosa donde desde luego ¡volveremos!. Aprovecho de agradecer la buena onda y el aguante de esta improvisada cordada internacional (España/USA/Chile).